A veces me pregunto qué extraño impulso nos lleva a escribir aquí estas cosas tan raras con la vaga esperanza de que alguien las entienda.
De verdad que sí.
No sé, quizá sea mejor que no te entiendan. Porque si te entienden, a ver luego cómo lo explicas.
La vida es tan confusa... Y vale: también inesperada, poderosa, bella, necesaria. Pero yo qué sé: es que no hay quien entienda una mierda.
Lo peor de estar vivo es, sin duda, el tener que explicárselo a todas horas a todo el mundo.
En fin: hagáis o lo que hagáis, procurad que el final sea bonito. Lo demás se lo acaba llevando el olvido y además importa poco.
Ahora toca existir un día sí, un día no, y así sucesivamente.
viernes, 9 de mayo de 2014
martes, 18 de febrero de 2014
Pero ah: así es hermoso
Me encanta cuando a veces un simple gesto, una sencilla palabra de alguien cambia por completo toda tu puta vida. Y luego se larga sin saberlo.
Porque al final, de una manera u otra, todo el mundo se larga, y eso me produce mucha tristeza.
Y lo cierto es que molaría conocer lo que dejamos en los demás sin darnos cuenta. Nos haríamos bonitos ante nuestros propios ojos. Pero ah: así es hermoso.
lunes, 13 de enero de 2014
Y vale: sé que nada dura para siempre
Dejad que os cuente algo: La otra tarde, mientras tendía la colada con esa depurada técnica que un día alguien me aconsejó para conseguir que no te quede arrugada, coincidí en la terraza contigua a la mía con la vecina.
Os diré que es una mujer encantadora. Debe rondar los 75 años. Siempre se preocupa por mí, por mi hijo, por que tal me van las cosas y que si necesito algo.
Y bueno, también es verdad que siempre me repite lo mismo como si fuera la primera vez.
Pero además me dijo señalando las ventanas de los bloques: ése, ése, ése y ése se han muerto. Y ése también.
Lo cierto es que se trata del típico barrio que surgió a golpe de desarrollismo y cuyos habitantes tradicionales poco a poco van cediendo paso a otros que no son ellos.
Y vale: sé que nada dura para siempre, que la vida está viva, que es el natural devenir de las cosas, que todo es un eterno retorno de lo mismo.
Pero jo: qué pena tiene que dar quedarse solo.
Os diré que es una mujer encantadora. Debe rondar los 75 años. Siempre se preocupa por mí, por mi hijo, por que tal me van las cosas y que si necesito algo.
Y bueno, también es verdad que siempre me repite lo mismo como si fuera la primera vez.
Pero además me dijo señalando las ventanas de los bloques: ése, ése, ése y ése se han muerto. Y ése también.
Lo cierto es que se trata del típico barrio que surgió a golpe de desarrollismo y cuyos habitantes tradicionales poco a poco van cediendo paso a otros que no son ellos.
Y vale: sé que nada dura para siempre, que la vida está viva, que es el natural devenir de las cosas, que todo es un eterno retorno de lo mismo.
Pero jo: qué pena tiene que dar quedarse solo.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Recuerdos y soledad
Resulta que mi madre, que era ya muy mayor, tuvo la mala fortuna de caerse y romperse la cadera. ¿O fue al revés y se cayó debido a que se rompió la cadera? Bueno, lo importante es que eso marcó sus últimos meses y los de sus hijos.
Y yo entro muy despacio en la habitación de Sant Joan de Déu y allí me la encuentro: tumbadita en una de esas enormes y articuladas camas rodeada de barandillas para asegurar su integridad. En una de sus manos, como siempre, cogiendo muy fuerte un pañuelo.
Un beso en la frente. Una acaricia en el pelo.
Y entonces ella me pregunta, muy indignada, que cuándo la van a llevar al hospital para operarla y que tiene que ir a su casa porque van a venir sus hijos a verla.
Y yo le digo: mamá, ya estás en el hospital.
Ella me mira entonces con un gesto de resignación como de canción ligera española que sólo ella sabe poner, pero al momento cambia la cara y sus ojos se iluminan como dos luceros de verano: ayer me llamó tu mujer y me felicitó por mi cumpleaños.
Y bueno, yo estoy divorciado.
Y lo cierto es que aun quedaba mucho para el cumpleaños de mi madre.
Pero sonrío a duras penas mientras trato de averiguar qué coño le puede estar pasando a mi madre por la cabeza estos días, por qué está tan desorientada, si acaso no se despertará por las noches y sentirá miedo.
Mi madre despertándose sola en plena noche y sintiendo miedo: eso es lo que me aterroriza.
Síndrome Confusional Agudo, dice entonces el traumatólogo con chispeante autoridad.
Y agrega: es frecuente en ancianos hospitalizados.
Yo asiento con sonrisa de gilipollas, pero al instante vuelvo a mi madre y sus manos finas y arrugadas, casi transparentes, con una sonda clavada en el dorso.
Tomo ese pañuelo y la coloco sobre la mesilla.
Y me pasan millones de cosas por la cabeza. Algunas tristes. Otras tristísimas. También hermosas, de un modo incierto.
Allí estamos, mi madre y yo, mirándonos a los ojos, con la única compañía de una bolsa de suero y una maquinita que emite pitidos de vez en cuando.
Pero entonces le pregunto: ¿qué te dijo mi mujer por teléfono?
Ella se ríe: uy, pues muchas cosas.
Al escucharla, el traumatólogo emite una carcajada serena, sonora, profesional, como si ya hubiera visto la misma película cientos de veces.
Después, se marcha.
Me sobreviene una inmensa necesidad de llorar... De pronto suena mi teléfono: uno de esos números largos de centralita que te intentan vender conexiones de internet.
Levanto como un rayo la vista:
Mira, mamá, le digo. ¡es mi mujer!
Esos que estuvieron a su lado en sus últimos meses.
Ellos lograron que con su paciencia, su cuidado y su amor, mi madre se fuese en paz.
A mi hermana Encarnita y mi hermano Antonio, entre otros:
Gracias
Y yo entro muy despacio en la habitación de Sant Joan de Déu y allí me la encuentro: tumbadita en una de esas enormes y articuladas camas rodeada de barandillas para asegurar su integridad. En una de sus manos, como siempre, cogiendo muy fuerte un pañuelo.
Un beso en la frente. Una acaricia en el pelo.
Y entonces ella me pregunta, muy indignada, que cuándo la van a llevar al hospital para operarla y que tiene que ir a su casa porque van a venir sus hijos a verla.
Y yo le digo: mamá, ya estás en el hospital.
Ella me mira entonces con un gesto de resignación como de canción ligera española que sólo ella sabe poner, pero al momento cambia la cara y sus ojos se iluminan como dos luceros de verano: ayer me llamó tu mujer y me felicitó por mi cumpleaños.
Y bueno, yo estoy divorciado.
Y lo cierto es que aun quedaba mucho para el cumpleaños de mi madre.
Pero sonrío a duras penas mientras trato de averiguar qué coño le puede estar pasando a mi madre por la cabeza estos días, por qué está tan desorientada, si acaso no se despertará por las noches y sentirá miedo.
Mi madre despertándose sola en plena noche y sintiendo miedo: eso es lo que me aterroriza.
Síndrome Confusional Agudo, dice entonces el traumatólogo con chispeante autoridad.
Y agrega: es frecuente en ancianos hospitalizados.
Yo asiento con sonrisa de gilipollas, pero al instante vuelvo a mi madre y sus manos finas y arrugadas, casi transparentes, con una sonda clavada en el dorso.
Tomo ese pañuelo y la coloco sobre la mesilla.
Y me pasan millones de cosas por la cabeza. Algunas tristes. Otras tristísimas. También hermosas, de un modo incierto.
Allí estamos, mi madre y yo, mirándonos a los ojos, con la única compañía de una bolsa de suero y una maquinita que emite pitidos de vez en cuando.
Pero entonces le pregunto: ¿qué te dijo mi mujer por teléfono?
Ella se ríe: uy, pues muchas cosas.
Al escucharla, el traumatólogo emite una carcajada serena, sonora, profesional, como si ya hubiera visto la misma película cientos de veces.
Después, se marcha.
Me sobreviene una inmensa necesidad de llorar... De pronto suena mi teléfono: uno de esos números largos de centralita que te intentan vender conexiones de internet.
Levanto como un rayo la vista:
Mira, mamá, le digo. ¡es mi mujer!
Esos que estuvieron a su lado en sus últimos meses.
Ellos lograron que con su paciencia, su cuidado y su amor, mi madre se fuese en paz.
A mi hermana Encarnita y mi hermano Antonio, entre otros:
Gracias
sábado, 7 de diciembre de 2013
Dicen por ahí
Dicen por ahí que amar significa aceptar al otro con sus fallos, estupideces y puntos feos y, aún así, ver perfección en sus imperfecciones.
Pero lo que yo pienso es que amar significa aceptarse uno mismo con todos sus fallos, estupideces y puntos feos para no caer en la tentación de esperar que el ser amado debe ser perfecto.
En fin, armarse de honestidad y decir: a ver, este soy yo, enséñame lo tuyo y vamos a intentar crear algo bello juntos.
A veces funciona y entonces es sensacional.
Pero lo que yo pienso es que amar significa aceptarse uno mismo con todos sus fallos, estupideces y puntos feos para no caer en la tentación de esperar que el ser amado debe ser perfecto.
En fin, armarse de honestidad y decir: a ver, este soy yo, enséñame lo tuyo y vamos a intentar crear algo bello juntos.
A veces funciona y entonces es sensacional.
sábado, 26 de octubre de 2013
A mi madre
Y sigo contigo.
Porque lo importante es el contigo.
Aunque ya no estés aquí.
Que difícil se ha vuelto seguir respirando sabiendo que tú ya no estas,
Si pudiera encontrar una razón que me ayude a entender que no vas a volver.
Porque lo importante es el contigo.
Aunque ya no estés aquí.
Que difícil se ha vuelto seguir respirando sabiendo que tú ya no estas,
Si pudiera encontrar una razón que me ayude a entender que no vas a volver.
Y esta herida que sangra en mi interior.
Y esta espina clavada sin razón.
Y el inmenso dolor de este...
Hay silencios que matan, otros mueren poco a poco, silencios que saben a nada y silencios que lo dicen todo.
Silencios que te incomodan, que te recuerdan desencuentros o pupilas encontradas, silencios que quieres acuchillar y silencios que se clavan muy dentro.
Silencios de complicidad, silencios que viajan en silencio...
Silencios para mi, silencios para nosotros.
¡Ssshhh, silencio!
Y el inmenso dolor de este...
Hay silencios que matan, otros mueren poco a poco, silencios que saben a nada y silencios que lo dicen todo.
Silencios que te incomodan, que te recuerdan desencuentros o pupilas encontradas, silencios que quieres acuchillar y silencios que se clavan muy dentro.
Silencios de complicidad, silencios que viajan en silencio...
Silencios para mi, silencios para nosotros.
¡Ssshhh, silencio!
sábado, 21 de septiembre de 2013
Fantasía o muerte
Todos nos hemos sentido solos alguna vez injustificadamente. Creo que el sentimiento de soledad es tan inherente al ser humano como el miedo a la muerte o la atracción sexual.
Posiblemente no sea otra cosa que miedo al abandono.
Sentirse solo puede ser muy perverso, especialmente si no lo estás, porque eso significa que tienes una visión distorsionada de tu realidad, y eso es muy chungo.
La mayoría de las personas que conozco suelen actuar en función de su propia percepción de la realidad… en fin, es una obviedad, como lo es que todos tenemos una visión subjetiva de la realidad.
Vaya, que la realidad es una quimera... (Me va a resultar complicado defender mi argumento partiendo de esta afirmación).(Utilizaré una falacia): …dentro de unos límites. No sé, parece todo muy loco, pero en realidad es jodidamente predecible.
Es tan triste sentirse solo cuando podría uno disfrutar de una buena compañía...
Estar realmente solo... eso debe ser la muerte.
La única escapatoria es la fantasía. La fantasía es la realidad de las personas solas. ¿Que curioso, verdad?
La fantasía o la muerte.
Y es que no somos nada sin el otro.
Que nada, que hoy estoy tontín.
Posiblemente no sea otra cosa que miedo al abandono.
Sentirse solo puede ser muy perverso, especialmente si no lo estás, porque eso significa que tienes una visión distorsionada de tu realidad, y eso es muy chungo.
La mayoría de las personas que conozco suelen actuar en función de su propia percepción de la realidad… en fin, es una obviedad, como lo es que todos tenemos una visión subjetiva de la realidad.
Vaya, que la realidad es una quimera... (Me va a resultar complicado defender mi argumento partiendo de esta afirmación).(Utilizaré una falacia): …dentro de unos límites. No sé, parece todo muy loco, pero en realidad es jodidamente predecible.
Es tan triste sentirse solo cuando podría uno disfrutar de una buena compañía...
Estar realmente solo... eso debe ser la muerte.
La única escapatoria es la fantasía. La fantasía es la realidad de las personas solas. ¿Que curioso, verdad?
La fantasía o la muerte.
Y es que no somos nada sin el otro.
Que nada, que hoy estoy tontín.
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